OpenAI no es un actor más en la revolución de la IA, sino un posible nuevo monopolio en ciernes que está siguiendo al pie de la letra el manual de las Big Tech: acumulación de capital, centralización del poder, dependencia sistémica, etc., con el agravante de involucrar infraestructuras críticas, enormes cantidades de datos y algoritmos que están moldeando cada vez más nuestra realidad.
La compañía liderada por Sam Altman acaba de anunciar un plan de cinco años para convertir sus ingresos estimados en 13 mil millones de dólares en 1 billón de dólares, y tiene la intención de gastar más que esa cantidad en infraestructura para lograrlo, aunque todavía no tiene un modelo de negocios claramente definido y parece asumir que simplemente puede convertir la escala en una ventaja competitiva. En entrevistas recientes, Altman ha reaccionado con sensibilidad a preguntas como cómo podrá sostener un compromiso de gasto tan enorme a largo plazo, diciendo a los críticos que no tendrá problemas para encontrar inversores si quieren vender sus acciones.
Las Big Tech se mueven por la lógica del crecimiento infinito, acumulan poder como plataforma y crean dependencias, habiendo pasado de los navegadores, la publicidad y el teléfono inteligente a la inteligencia artificial, los chips, la nube y los datos. El problema, como hemos visto, es que estos gigantes son percibidos como demasiado grandes para fracasar, porque si lo hacen, traerán…

